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  Sección: Portada| Publicado en: Abril 2005
 

Urge regular el transporte
Victoria Alfaro
En medio de graves irregularidades, accidentes de tránsito y nulas prestaciones para los choferes, operan las distintas líneas de autobuses de pasajeros de la entidad.

 

A menudo se escucha que el pulpo camionero volvió a cobrar una víctima más, o que originó un nuevo percance, pero ¿Qué es lo que hay detrás del llamado pulpo camionero?, hay nombres de personas que deberían ser responsables de los desmanes que realizan sus conductores o al menos apoyar a los familiares de las victimas, lo cual hasta el momento no ha sucedido.

Los tentáculos del llamado pulpo llegan incluso a las áreas de gobierno, como es el caso de la comisionada del transporte, Aurora López Acevedo, quien es juez y parte como responsable del transporte en el estado y también socia en una de más importantes empresas de transporte público.

La empresa Tucdosa (Transportes Urbanos de la Ciudad de Oaxaca) es una sociedad anónima que pertenece a Chóferes del Sur, la cual a su vez es una cooperativa que defrauda al fisco, ya que ni siquiera opera como cooperativa porque ningún chofer en dueño de carro ni socio.

En tanto que Transportes Urbanos y Sub Urbanos Guelatao (Tusug) es una empresa que en apariencia funciona con un consejo de administración del cual Erasmo Medina Felix es el presidente, pero en realidad ninguno de los socios, ni los consejeros sesionan, sino que bajo el mismo nombre cada quien maneja sus carros a su manera, y bajo el auspicio de un nombre comercial, cada no de los socios maneja su empresa.

Hay más de mil camiones actualmente circulando en la capital del estado, de los cuales más del 70% está concentrado en no más de ocho familias, y el resto está dividido entre pequeños propietarios que tienen de uno a tres camiones.

La comisionada del transporte, Aurora López Acevedo, que repite en el puesto en este sexenio, tiene como más de 20 camiones, y en menos de siete años se ha hecho de una flotilla superior a los cien camiones, es decir más de 80 camiones en su mayoría nuevos, con un costo aproximado de un millón doscientos mil pesos cada uno.

En su misma familia, los Candiani, mantienen desde tiempos ancestrales el control de las empresas Urbanos de Oaxaca y Chóferes del Sur. Existen otros dueños de carros, como la actual presidenta de la cooperativa Alejandra Candiani, sus dos hermanas y su tía Bertha, quienes en conjunto podrían tener más de 150 camiones.

Gustavo Acevedo, familiar también de la otrora Secretaria del Transporte “Aurorita”, es dueño de al menos 50 camiones de pasaje. También está dentro de esa empresa la regidora del Ayuntamiento citadino Martha Escamilla propietaria de al menos 20 camiones.

En la empresa Tusug las principales cabezas son la familia Martínez con los hermanos Juan Carlos, Mario y Virginia, encabezados por Filiberto, quienes en su conjunto podrían tener más de 160 camiones.

Seguidos detrás por Erasmo Medina Félix propietario de por lo menos 90 camiones Luego está la familia Rubén Villanueva con sus hijos Francisco y Moisés, quienes operan entre 60 y 70 camiones; Manuel Ricárdez, quien opera 25 camiones de Tusug, y Jorge Infanzón, de 5 a 6 camiones; el resto está dividido en pequeños propietarios que no tienen ni voz ni voto en las empresas.

Los cifras anteriores no contemplan las unidades piratas que actualmente operan en la capital del estado en donde por cada camión urbano legalizado hay por lo menos uno más que opera con el mismo número económico y una de las placas, mientras que el original opera con la placa restante.

Pero la problemática del transporte no radica en el monopolio ejercido por unas cuantas familias, sino en la forma en que se conducen estos flamantes empresarios, quienes en un 70% no dan seguro a sus conductores, únicamente los camiones que han sido comprados por medio de créditos bancarios o arrendadoras, ya que esto es un requisito indispensable.

El elevado índice de accidentes en el transporte público se debe a la impericia de los conductores, así como a las exigencias de los empresarios del transporte, ya que los conductores trabajan sin descanso todos los días del año, en horarios que comienzan a las cinco de la mañana y concluyen entre once y una de la mañana del día siguiente.

Deben entregar la cuenta si no se les obliga firmar un pagaré por el resto de la cuenta y si al final no pagan al empresario o intentan ya no ir a trabajar, se les inician procesos penales por abuso de confianza, llegando a grado de embargarles sus bienes para garantizar lo que le deben. Además de que por lo menos hay una decena de procesos penales pendientes en contra de ex conductores.

Las cuotas de los camiones están delimitadas al libre albedrío de los propietarios, ya que depende directamente del propietario lo que habrá de cobrar como cuenta a su conductor. Así, las unidades de adquisición reciente, del 2002 a la fecha, cobran mil doscientos o mil cuatrocientos de cuenta, las de 1995 al 2002 entre 800 y 900 pesos, en tanto las más viejas cobran entre 600 y 700 pesos diarios.

Si el conductor quiere descansar debe tener por lo menos lo de su cuenta para parar el camión. Esta situación ha generado que entre los chóferes pululen las drogas como la cocaína, incluso son sus patrones quienes ofrecen la droga para que aguanten la jornada.

Tras este dantesco panorama en torno a la situación del transporte público en la entidad, se hace cada vez más imprescindible la creación de una ley que regule el transporte no sólo a las empresas camioneras.

 

 

 
 
 
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